Homilía de monseñor Ojea en la misa aniversario de la elección del papa Francisco

HOMILIA DEL MONSEÑOR OJEA EN LA MISA ANIVERSARIO DE LA ELECCION DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos, al celebrar el cuarto aniversario de la elección del papa Francisco, agradezco de todo corazón a la CGT Zona Norte, a la CTA que han querido asociarse en esta celebración y particularmente me han pedido la celebración de esta Eucaristía para unirse en modo especial a la figura del Santo Padre.

Todo el Evangelio es una pedagogía de la fraternidad, todo el Evangelio nos enseña a ser hermanos y a mirar al prójimo como a un hermano, por eso, apenas asume el Papa Francisco pone un interés especial, pone de relieve de un modo especial, lo que significa no mirarse sólo a uno mismo sino empezar mirar al costado de verdad, para ser fiel al Evangelio de Jesús.

Su primera encíclica sobre la Alegría del Evangelio, que se refiere más a lo interno de la Iglesia, a los agentes pastorales; el Papa nos hace un llamado a tener una Iglesia abierta, una Iglesia de puertas abiertas, donde se pueda entrar y salir para llevar el Evangelio de Jesús, el cristiano que se encontrado a fondo con Jesús y que trata de transmitir aquello que ha encontrado y recibido en su palabra y en su vida

El tema de esta Encíclica, de la Alegría del Evangelio, es la misión: Cómo llevar la buena nueva de Jesús y adecuar la Iglesia, a través de una reforma, para que se convierta en misionera, una Iglesia auténticamente misionera, que viva una primavera en su renovación y en su alegría

La segunda Encíclica, que es la Laudato SI  está más en diálogo con el mundo en que vivimos. Es una encíclica en la cual el Papa nos habla de la casa común, del planeta y de la necesidad del cuidado del planeta, de no hacer cualquier cosa con la hermana y madre tierra, porque todo está conectado, todo está unido y el problema enorme del cambio climático tiene que ver con la pobreza y esto tenemos que empezar a verlo en profundidad y también empezar a exigirlo; el Evangelio es una pedagogía de la fraternidad y también de la fraternidad con la hermana y madre tierra.

Finalmente, la última Encíclica sobre la Alegría del amor, el Papa se detiene en el matrimonio de la pareja humana; hace un llamado muy fuerte a la Iglesia a renovar la preparación al matrimonio y al mismo tiempo tiene una mirada misericordiosa sobre las situaciones de aquellas parejas rotas que no han podido llevar adelante su proyecto de amor.

Los niveles de sufrimiento que tenemos en el mundo por estas rupturas del corazón son inmensas.

Y al concluir este año de la Misericordia el Papa ha querido tener una mirada especial sobre estos hermanos nuestros que sufren estos problemas, que tocan los sentimientos de la vida íntima de las personas. Es imposible dejar de poner de relieve el hincapié que ha hecho el Santo Padre en los pobres. El nombre de Francisco, el haber elegido ese nombre también tiene que ver. Francisco es el Santo de los pobres; se hizo pobre por Jesús, es la imagen de Cristo en la tierra Francisco en la Edad Media, San Francisco de Asís.

Y el Papa al mismo tiempo se pone a sí mismo ese nombre porque quiere una Iglesia pobre para los pobres. El pobre es el que me hace poner de relieve la fraternidad porque se dirige a mí y me interpela, me toca lo más profundo del corazón. Crece mi sensibilidad cristiana y al mismo tiempo, dice el Santo Padre en un texto que les voy a leer, “aprendemos de él” dice: “Por eso, en la primera carta, en la IV parte que es la Dimensión Social del Evangelio dice: “Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres, ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sentido de la fe, en sus propios dolores conocen a Cristo sufriente”, del hermano que sufre tanto como Jesús, “Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Jesús en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos”.

Es una gracia de los trabajadores en este momento dificilísimo de la vida del país, hayan querido venir a celebrar esta Eucaristía y a unirse en Acción de Gracias por el Papa.

Estamos en un momento en el que es imprescindible que la sensibilidad de aquellos que están encargados de llevar adelante el destino del país, sea auténticamente fraterna y evangélica y al mismo tiempo esa capacidad extraordinaria que ha tenido nuestro pueblo, que es paciente, que es noble y que está dispuesto al diálogo, pueda también desarrollarse.

Nosotros le pedimos al Señor el interés del Santo Padre en las causas de los trabajadores ha sido continuo y en las causas de los más pobres especialmente, también.

Nosotros le pedimos de modo particular al Señor en esta Eucaristía, por nuestro país, por nuestros trabajadores, por los hermanos que más están sufriendo esta crisis y este momento doloroso que estamos atravesando.

Pedirle al Señor que nos regale la esperanza, que nos regale la alegría del Evangelio para poder día a día, volver a descubrir a Jesús en nuestro hermano; volver a descubrir aquello que para el Evangelio es el motivo de nuestra vida y de esta manera, crecer como personas y como cristianos.

 

¡Qué el Señor así nos lo conceda!