Mensaje de monseñor Fassi para el Día del Diácono Permanente

San Lorenzo Diácono, el Patrono de todos los diáconos. Hoy Jesús en el Evangelio nos dice: “El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor, el que quiera servirme será honrado por mi Padre”.

Jesús nos quiere invitar a la verdadera motivación del servicio que es la alegría, alegría de servir.

A todos nos hace bien que nos den gracias: “gracias por lo que hiciste”, “gracias por lo que me diste”, “gracias por acompañarme”. También nos gusta mucho que nos reconozcan nuestros trabajos, porque eso también nos entusiasma y nos anima.

Sin embargo, Jesús tiene una motivación más honda todavía, sin negar ésta que es necesaria, nos dice: “La verdadera alegría es servir y honrar a mi Padre”, es decir, la alegría de servir por el servicio mismo.

Papa Francisco nos diría que nosotros no hacemos un servicio, que lo ideal sería llegar a ser nosotros mismos servicio, que todo nuestro ser sea eso, y que esa sería nuestra más profunda alegría.

Por eso, todo depende de cuál es el tesoro que nos motiva en nuestro corazón, porque uno atesora y valora lo que lleva en su corazón.

Se acuerdan la anécdota del diácono San Lorenzo, cuando los enviados del Emperador le ordenaron entregar todas las riquezas de la Iglesia; San Lorenzo que era el Diácono y administrador de los bienes de la Iglesia dijo: “No, ese tesoro yo no lo voy a entregar”. “¿Cuál es el tesoro?” le preguntan, entonces San Lorenzo les muestra todos los pobres que estaban en la puerta de la Iglesia que estaban pidiendo ayuda, y les dice: “Estos son el tesoro de la Iglesia”; su amor por los pobres era lo que los motivaba al servicio. Ése era su tesoro y por eso dio la vida, por amor a los pobres.

Por eso está bueno preguntarnos por nuestras motivaciones, la razón de nuestro servicio, cuál es nuestro verdadero tesoro, porque eso es lo que nos motiva a entregarnos.

¡Qué tengan mucha alegría en el servicio queridos hermanos Diáconos! ¡Muy feliz día, qué Dios los bendiga mucho junto a sus esposas y a sus hijos! Y gracias por el servicio que le hacen a la Iglesia y al mundo.

¡Qué Dios los bendiga!