Mensaje de monseñor Fassi para la 51° Jornada Mundial de la Paz

Para este 1° de enero, Jornada Mundial de Oración por la Paz, la Iglesia nos invita a tener esta vez, una mirada sobre los migrantes y refugiados.
Bajo el lema “Migrantes y refugiados, hombre y mujeres que buscan la paz”, la Iglesia nos invita a tener sobre ellos una mirada contemplativa, una mirada de respeto, y una mirada sobre todo de valoración.
En el mundo hay 250 millones de migrantes, 22 millones de ellos son refugiados; son personas, mujeres y hombres, niños y ancianos que huyen de la guerra, el hambre, la persecución, buscando tierra y lugar donde poder vivir mejor, en paz y con dignidad.
Todos necesitamos una tierra y un lugar donde poder residir, crecer, desarrollarnos y vivir. Todos necesitamos ese espacio, de ser acogido y ser respetado.
Qué duro es sentirse extranjero. ¿Quién no se ha sentido extranjero alguna vez en la vida? Alguna vez lo hemos sentido; esos lugares donde voy y digo: “¿Qué hago yo acá? Me siento como sapo de otro pozo”. No podemos comunicarnos, no nos miran, no nos consideran, o nos miran con sospecha o con miedo, por eso la Iglesia nos invita a mirar, contemplativamente, a estas personas, diferentes a nosotros, ¿o será que nosotros somos diferentes a ellas? Porque es la diferencia lo que provoca el miedo y la distancia.
Por eso Papa Francisco nos invita a reflexionar en cuatro verbos, que quizá nos ayuden a salvar las distancias con aquellos que sentimos extranjeros, extraños.
Acoger: acoger al otro; recibirlo ampliando nuestro corazón y nuestra mente porque una mente cerrada y un corazón pequeño expulsa, no acoge.
Proteger: garantizar la dignidad de una persona, no dejarla a sus propias fuerzas y a sus propios recursos, sino compartir los recursos y compartir las fuerzas.
Promover: que es apoyar el desarrollo de las personas para que crezcan con dignidad, poniendo atención especialmente en la educación.
Finalmente, integrar, que es mucho más que simplemente tolerar; integrar significa hacer participar plenamente al otro.
Hay que hacer un esfuerzo de mente y de corazón para poder acoger al que sentimos extraño a nosotros.
Jesús fue extranjero, Jesús fue rechazado, Jesús nos ofrece una tierra donde poder vivir.
Cuidemos esta tierra que es de todos y abrámosla para que pueda ser compartida como casa común de manera de que todos podamos convivir en paz.