Mensaje de monseñor Fassi por la fiesta de San Cayetano

La fiesta de San Cayetano nos invita a reflexionar una vez más sobre la Providencia de Dios, sobre el trabajo humano y sobre la dignidad de la persona, y sobre todo también la esperanza de poder conseguir trabajo, y en muchas ocasiones también, es verdad, agradecer el trabajo que se tiene.
Cuando vamos a San Cayetano y vemos la imagen, nos gusta estar muy cerca de la imagen y tocarla con nuestras manos.
Todo esto es un compromiso, tenemos dos manos; San Cayetano también tiene dos manos, en una tiene la espiga, en la otra tiene al Niño.
Cuando uno va a San Cayetano está bueno pensar que con una mano pide y con la otra mano da. Con una mano da y confía, con la otra mano da y se hace solidario.
Vamos a crecer en pan, paz y trabajo cuando ejercitemos estas dos manos; mano para pedir, porque somos todos necesitados, nos reconocemos necesitados los unos de los otros-, y mano para dar porque también nos reconocemos como aquellos que queremos estar al servicio los unos de los otros.
San Cayetano tiene su mirada puesta en el Niño Jesús, el Dios hecho hombre, nos está diciendo que al pedir trabajo y al pedir el pan, miremos al ser humano que es el centro de la creación y de la más alta dignidad.
Solamente habrá trabajo justo, y habrá trabajo, cuando miremos de frente al hombre que está necesitado en desarrollar su dignidad.
Para crecer hay que invertir, pero principalmente hay que invertir en el ser humano y toda economía, todo proyecto tiene que tener al hombre en el centro.
Cuando miramos la imagen de Cayetano, nos invita a eso: con una mano la espiga, con la otra mano el Niño, el ser humano en su mayor dignidad, el Dios hecho hombre que nos eleva a la mayor dignidad.
Por eso te invito que cuando vayas a San Cayetano mires tus dos manos que quieren tocar al Santo para pedir gracia; con una pedí trabajo si no lo tenés, da gracias por el trabajo que tenés; con la otra mano procurá con tu mismo esfuerzo y conseguir que un hermano tuyo que está al lado tuyo, pueda crecer en dignidad y también un llamado a que ejerzamos nuestra vocación ciudadana y nuestra vocación de vecinos con una alta responsabilidad, para que podamos entonces realizar el proyecto social que es que el hombre pueda vivir y vivir plenamente.
Qué San Cayetano nos comprometa a cada uno donde esté y como sea, para una sociedad mejor.
Qué así sea.
San Cayetano, rogá por nosotros.