Mensaje de monseñor Martín Fassi para el Día de Nuestra Señora de Luján

Vieron que cuando vamos a Luján, por lo menos a mí me encanta mirar la expresión de fe de la gente, y la devoción por la Virgen.

Es tan lindo ver la cantidad de gente que va pasando y va pasando, y la Virgen está ahí, esperando, dando la bienvenida como dueña de casa.

La gente siente que cuando llega a la Basílica de Luján, llega a su casa; esa es una experiencia de muchos, sentir que la Virgen nos recibe en su casa, que es nuestra casa; nos sentimos ahí como familia, familia de Dios, con su madre María, la Virgen, nos sentimos pueblo de Dios.

La gente va con muchísima esperanza, a agradecer porque lo pedido se ha cumplido, o también va a pedir, con muchísima esperanza; por eso Luján es un lugar de esperanza.

Celebramos la Virgen de Luján, Madre del pueblo argentino. Cuando vamos a Luján nos sentimos familia, familia de Dios, entonces eso nos ayuda a seguir hacia adelante; nos ayuda a seguir esperando, porque vemos que lo que yo estoy pidiendo hoy, vino otro a agradecer lo propio; entonces a mí me da esperanza de que si María lo escuchó a uno, ¿por qué no me va a escuchar a mí?, si es tan madre mía, como madre del otro.

Ahí es donde nos sentimos familia, donde nos une una misma fe y una misma seguridad de que María nos acompaña, nos lleva de la mano por el camino de la vida.

Luján es lugar de esperanza; es lugar donde nos sentimos familia, pueblo de Dios.

María nos enseña, nos ayuda cuál es el camino de la santidad; cuál es el camino de la realización plena del hombre, de la realización  plena de una Nación; en María también volvemos a escuchar el compromiso por la Patria; el compromiso por la Tierra; el compromiso por nuestra familia; el compromiso por las raíces de nuestra identidad.

María, Virgen de Luján, Patrona del pueblo argentino; también nos hace sentir nación; está bueno que nos despierte el compromiso con el otro, especialmente con el que más sufre, el que está más descartado y relegado.

Ella me compromete entonces a que mi sueño, forme parte de un sueño más grande; de un sueño comunitario; el sueño de María, el sueño de Jesús, estar en el corazón de Jesús, que es la felicidad plena para toda la humanidad: fraternidad, paz, justicia, todo eso que todo corazón anhela y desea. María nos invita a que yo, también, sea parte de la realización del sueño del otro.

La Iglesia tiene dos sueños y es lo que vamos a trabajar en la próxima Asamblea diocesana. El sueño de una Iglesia comprometida con la misión, una misión en salida, una misión que sea capaz de transformarlo todo, y un sueño de una Iglesia pobre para los pobres. Estos dos sueños, que son sueños de la Iglesia, también los asumimos como Iglesia diocesana.

Les dejo una frase del papa Francisco que nos ayuda mucho a sentir, cómo la Virgen nos hace pertenecer, y comprometer, a un pueblo más grande: “No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de las relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo”. (Gaudete et Exsultate, 2018, Cap. I).

Que María, la Virgencita de Luján, con sus manos orantes, nos ayude a sentirnos parte y responsables del futuro de nuestro pueblo.