Hoy celebramos la Fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor

HOY CELEBRAMOS LA FIESTA DEL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR

Bajo el lema “Pongamos el CUERPO a nuestros sueños”, la Diócesis de San Isidro celebró hoy en el Colegio Marín, la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo; el clima.

Más de dos mil personas participaron hoy de la fiesta de la Eucaristía, un encuentro que reunió a todas las comunidades diocesanas que se vieron representadas en cada una de las burbujas dibujadas en un enorme cartel -ubicado delante del altar-, en las que cada grupo había escrito qué sueño sueña para nuestra Iglesia.

Monseñor Ojea fue quien presidió la Misa y en su homilía se refirió a Última Cena de Jesús con los Apóstoles como un gesto sencillo en el que resumió su herencia, expresando que: “Jesús nos quiere dejar la herencia del servicio a los hermanos”.

Asimismo destacó el compromiso de Jesús con su mensaje, destacando: “Cómo le pone el cuerpo a los sueños Jesús; recoge los sueños de los Apóstoles, implica los suyos propios, que son los del Padre y poniéndoles el Cuerpo, entrega el pan. Poner el cuerpo es decir: “me comprometo con lo que digo, con lo que pienso, con lo que pregono, pongo mi cuerpo”.

A través de sus palabras buscó estimular a todos para construir juntos, una Iglesia comprometida con el sueño de Jesús: “Una Iglesia que no excluya a nadie, una Iglesia donde siempre haya lugar para cada uno y para todos”.

Al finalizar su homilía, el Obispo llamó a todos a rezar en estas instancias tan importantes para la Argentina, en la que se debate la despenalización del aborto, y pidió a quienes participaron de la celebración, a que recen por los legisladores para que tomen la mejor decisión.

Concelebraron monseñor Martín Fassi, y monseñor Casaretto, Obispo emérito de la Diócesis de San Isidro.

Posterior a la comunión, se realizó la adoración, donde se rezó ante el Santísimo Sacramento que recorrió el salón donde se realizó la celebración.

Hacia el cierre de la celebración, los jóvenes que concurrieron al II Encuentro Nacional de la Juventud recientemente celebrado en Rosario, se ubicaron en el frente del altar para transmitir la vivencia que compartieron y que los llenó de entusiasmo como protagonistas de la Iglesia misionera, procurando el bien común, amando en la diversidad y empatizando con los más vulnerables.