Misa por los enfermos Homilía Monseñor Oscar Ojea


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Queridas hermanas y hermanos;

Hemos querido acercarnos a Ustedes a través de la celebración de la Eucaristía junto con nuestros obispos auxiliares, Monseñor Martín Fassi, Monseñor Guillermo Caride, celebrando esta Misa para que el Señor termine con la Pandemia. Desde la fe tenemos que pedirle de todo corazón por nuestros enfermos y para que el Señor ponga rápidamente fin a este serio peligro.
Estábamos sumergidos en la aceleración de nuestra vida de todos los días, en nuestros ritmos que son rapidísimos y hemos sido frenados sorpresivamente por un virus. No sabemos mucho acerca de su origen y tampoco de su capacidad de mutación pero sin embargo sus posibilidades de expansión son muy grande y nos encontramos ante un verdadero riesgo. Hemos sido llamados al cuidado y a la responsabilidad. Esto último es bueno por eso, nos gustaría reflexionar sobre lo que puede significar este momento para todos nosotros, para todas nuestras comunidades y para todo nuestro pueblo. Decía Viktor Frankl que occidente había construido una estatua de la libertad pero faltaba la estatua de la responsabilidad que es la contracara de la libertad. Somos muy irresponsables, por lo menos en nuestro modo de tratar al planeta y de tratarnos entre nosotros, esto se ha puesto de manifiesto ante distintos fenómenos como el del calentamiento global. Cuidarnos a nosotros mismos de un modo responsable es la mejor manera de cuidar a los demás. La responsabilidad y el cuidado se oponen al miedo y al pánico. El miedo nos lleva a ocuparnos solo de nosotros mismos, a no pensar en los demás, a tener actitudes antisociales, el cuidado y la responsabilidad que parten del respeto y la delicadeza para con el hermano nos lleva a la solidaridad, al amor y al servicio. La clave es ver esta crisis como una oportunidad. Nos encontramos ante un serio desafío. Todo desafío tiene de un lado una amenaza que tenemos que tener en cuenta pero también lleva oculto la posibilidad de crecer como personas y como comunidad.
El Papa Emérito Benedicto XVI nos decía en la encíclica “Caritas in Veritate” que debíamos llamarnos a una nueva imaginación de la caridad. La caridad y el servicio al prójimo son creativos. Hoy entraba a un departamento y subiendo al ascensor había un cartelito en el cual un grupo de jóvenes se ofrecía para hace las compras a las personas mayores. Ustedes dirán que este es un gesto pequeño pero a partir de estos gestos pequeños vamos renovando nuestros vínculos. Vínculos bastantes desgastados en la sociedad que la que vivimos en la cual experimentamos mucho aislamiento, tal vez este nuevo modo de estar aislados pueda servirnos como una verdadera ocasión para reconstruir vínculos en nuestras comunidades. Podemos estar distantes pero unidos. Podemos estar lejos pero en comunión. Hay mucha creatividad en este nuevo servicio que se nos presenta de estar vinculados con distancia para comunicarnos, para
sostenernos en la esperanza y para llevar adelante muchos modos de ayuda y de compañía, podemos utilizar los medios de comunicación, las redes sociales que la ciencia y la técnica han puesto en nuestras manos, podemos experimentar a través de ellos un modo de crecer nuevo.
Hay otro modo de crecimiento que dilata el corazón y es la capacidad de mirar para los costados, de mirar a otros hermanos que están más lejos todavía de ciertos niveles de vida en la Argentina.
El relevamiento de los barrios populares dio más de 4.400 barrios carenciados en el país, en estos barrios viven millones de personas. A estas personas no les va a ser muy fácil estar en sus casas ya que necesitan salir para ganar el pan para sus familias día por día. En estos barrios particularmente en la Capital Federal tenemos según los datos del Ministerio de Salud 666 casos de dengue por falta de cloacas y a causa de las aguas servidas. Estos casos no aparecen tanto en los diarios porque estamos pendientes del Coronavirus pero es muy importante tenerlos en cuenta para ensanchar nuestra mirada y para crecer en nuestra capacidad de servicio. Decía Paul Claudel “el verdadero pobre es el que
sabe que hay otro más pobre que él”.
Algunas personas tienen la oportunidad en este desafío de aprovechar tiempos libres, que bueno que aquellos que puedan utilicen estos tiempos para la reflexión, para la lectura y particularmente, nuestra Iglesia en este tiempo especial de Cuaresma, que es una verdadera cuarentena, para preguntarnos sobre nuestro modo de vivir y sobre la necesidad de cambios en tantos aspectos de nuestra vida.
El Papa Francisco en la encíclica Laudato Si´ nos propone el paradigma del
cuidado frente al paradigma tecnocrático. Allí se muestra con claridad que del maltrato al planeta y a los pobres solo se sale cambiando estilos de vida y hábitos de consumo. La conversión debe ser muy honda y llegar a tocar hábitos culturales muy arraigados. La naturaleza tiene sus límites y la ciencia y la técnica no tienen respuesta para todo, tenemos que reaprender a cuidar y cuidarnos.
Necesariamente estos días nos van a llevar a una mayor austeridad y a un mayor cuidado en nuestras costumbres diarias, por otra parte como habrá menos emisiones de gas en el planeta respiraremos un aire más puro y esto tal vez nos animará a provocar cambios.
Los creyentes tenemos la gran fuerza de la oración, hemos escuchado en el
Evangelio la presencia de Jesús en el mundo del dolor y la confianza depositada en él por los enfermos, aprovechemos este tiempo para la oración. Rezar más es rezar con más amor, estamos ofreciendo esta Misa por los enfermos, los que han sido afectados por el virus y por sus familiares. También queremos pedirle al Señor que alivie la crisis económica, la que estamos viviendo ya y la que se va a generar a partir de esta situación tan compleja. Queremos pedir también por todas aquellas personas que están al servicio de los demás, los médicos, las enfermeras, los agentes sanitarios, todos aquellos que entregan su vida al servicio de nuestros hermanos.
El Santo Padre con sus gestos se ha puesto delante de nosotros en esta actitud saliendo anteayer por las calles de Roma a orar en la Basílica de San Marcelo y en Santa María La Mayor, dado que la oración dilata el corazón rogamos que prepare nuestro espíritu para vivir este tiempo, que no nos falte la serenidad y la paciencia. En una crisis se pone a prueba la fibra más íntima de los pueblos.

Que nosotros podamos demostrar en esta instancia difícil lo mejor que hemos heredado de nuestros padres.
Qué el Señor así nos lo conceda.
† Oscar V. Ojea
Obispo de San Isidro
Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, (San Isidro), martes 17 de marzo de 2020.