Mensaje de Monseñor Fassi para el Día de los fieles difuntos

En la Biblia, en el libro de Job dice: “Yo sé que mi Redentor vive y que en mi propia carne veré a Dios”; esta frase que aparece en el libro de Job, nos ayuda mucho a entender cómo fue la Pascua de Jesús, qué significó para nosotros la Pascua de Jesús, que nuestro Señor Jesucristo fue resucitado de entre los muertos.
Él nos conquistó la vida plena para todos nosotros, la vida en plenitud, “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”, esto quiere decir que nosotros, los cristianos, creemos que la vida sigue después de esta vida, después de esta vida que es frágil, que experimentamos la limitación, y que tanto miedo le tenemos a nuestros límites, y al gran límite último que es la muerte.
Esta frase de Job nos llena de esperanza, porque nos dice que esta propia debilidad nuestra, con todo lo que significa, con todo lo que hemos sufrido en la tierra; todas las dificultades; todo lo que no logramos, todo lo que a lo mejor; sentimos que hicimos mal; nuestras enfermedades; los dolores y los sufrimientos que muchas veces, o siempre, sentimos que son injustos, porque es injusto sufrir; todo eso que experimentamos como fragilidad en la vida, será llenado de vida.
Cuando nosotros rezamos por nuestros difuntos, estamos rezando esto: que no queremos olvidar todo lo que significó para nosotros su vida, y que esa vida la ponemos en Dios, para que Dios la vaya completando, la vaya plenificando.
Si hay algo que no quedó limpiado en esta vida; si hay algo que quedó incompleto en esta vida, si hay algo que quedó frustrado en esta vida, todo eso, por amor a nuestros difuntos, lo ponemos en Dios; primero, para no olvidar nosotros, y después, para no olvidarnos nosotros que Dios sigue obrando en ellos.
Por eso rezamos por nuestros difuntos, para que Dios termine la obra que comenzó en ellos; no lo rezamos como pidiendo que, a lo mejor, Dios se olvida, porque Dios no se olvida de nadie; nadie queda afuera de la memoria de Dios; nadie queda afuera del corazón amoroso de Dios; pero rezamos para no olvidarnos nosotros, de que Dios no se olvida de ellos, y entonces, eso nos hace entrar en comunión porque creemos que ellos están en la vida de Dios, en el corazón de Dios.
Recordar a nuestros difuntos en este día, en que la Iglesia nos invita a rezar especialmente por ellos, es rezar para que puedan presentarse ante Dios, limpios, completos y terminados.
Eso es lo que nosotros llamamos el “Purgatorio”, lo que nuestra fe dice acerca del Purgatorio; es como en ese momento en el que Dios nos quita todos los maquillajes, que no son ya necesarios; nos purifica, nos limpia de todo lo que no terminamos de hacer o hicimos mal, para que podamos presentarnos resplandecientes, llenos de belleza y llenos de vida delante de Dios que es el que nos da esa vida, y es el que completa esa vida, para que vivamos, y vivamos abundantemente.
Rezar en este Día de los difuntos, más que pensar en la muerte, es pensar en la vida en plenitud que Dios quiere regalar a todos, todos, todos sus hijos.